Reflexions

La guinda del pastel

Finales del 2019, coincidiendo para mí con el cierre de un ciclo con respecto al proyecto María. Un ciclo que comenzó con una doble mastectomía, para seguir con quimio, radio, reconstrucción en tres fases y dos años de hormonoterapia (quedan cinco). La guinda del pastel ha sido este mes de marzo, con las aureolas y pezones en la cima de mis nuevos pechos, que me recuerdan el camino emprendido y me impulsa hacia delante, siempre forward, fast  forward!
De hecho, una de las cosas de las que me he dado cuenta recientemente, es que proyecto María se inició antes del diagnóstico, cuando mi vida
compartida y mi supuesta estabilidad se rompieron con un divorcio récord, de aquellos que no te explicas cómo ha podido pasar, pero que dejan
huella en cuerpo y alma.
Digamos que el cáncer ha sido una parada técnica en el camino, y que la verdadera iniciación hacia mí propio conocimiento, iniciado un año antes raíz de esta ruptura familiar y personal. Fue entonces cuando me interesé por lecturas insospechadas sobre el poder del ahora. Lo que parece bastante común entre el cada vez más amplio colectivo de separados y separadas, a los que la sociedad se ha encargado de señalar como fracasados y que se ven obligados a buscar explicaciones fuera del mundo tangible.
Paralelamente y paradójicamente con tanto existencialismo, mi vida empezaba un etapa un poco perdida que buscaba consuelo en noches de fiesta hasta el amanecer, entre dos luces, metáfora de lo que me estaba pasando.
Entonces llgó el temido cáncer, para ayudarme a tomar consciencia de tanto desenfreno y obligarme a redirigir lo que se suponía que era un viaje hacia adentro, pero que era más bien una disimulada huida hacia fuera llevada por la rabia contenida y sostenida en el tiempo.
En contra de lo que pueda parecer, aquella fuga també ha sido indispensable para poder entender todo lo que pasó durante el tratamiento de la enfermedad y la fase posterior que apenas empieza. De repente, me veía obligada a echar el ancla, fondear y observar, un ejercicio del todo enriquecedor que me ratificaba el peso y el amor de la familia y las amistades.

Es por ellos que hoy entiendo el proyecto María como un proyecto de vida que no comienza con el cáncer, sino que éste es un accidente que hay que gestionar y que te ofrece la grandísima oportunidad de conocer lo que uno quiere o de lo que simplemente huye.
Así pues, el 2020 converge con un final de ciclo y con el redescubrimiento de una María más serena, más permisiva consigo misma y, sobre todo, con el deseo de volver a compartir el camino y de clavarle los dientes a cada día que amanece.

Te animas?
Salud,

M

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