Reflexions

Miedo

Casi no tenía constancia de ti. No te recuerdo. No se en qué momento apareciste, pero lo hiciste por la puerta grande, dispuesto a quedarte. A soplarme la nuca para poder sentir que te tengo pisándome los talones. Hay días que consigo mantenerte al margen, no dejarte lugar ni protagonismo.

Pero te aprovechas de mi vulnerabilidad y, a la mínima, me pellizcas el corazón con tu mano negra y fría. Y no quiero que vuelvas a remover cada una de las células que forman mi cuerpo y te vuelvas a activar, y a vencerme. Si, a veces me derrotas. Y no soy capaz de remontar. Pesas como una losa. Me siento pequeña. Muy pequeña. Tanto como cuando, de pequeña, me protegía con una manta pensando que pasaría desapercibida ante el peligro que temía. O cerraba completamente aquella puerta del armario que con las prisas para irme a la cama había quedado entreabierta.

Mi psicóloga me recuerda que siempre has existido, pero ahora tu presencia es más evidente. Te llaman miedo. Y hieres, silencioso, mis puntos más débiles. Te adhieres a ellos y te vas retroalimentando. Sé que no eres racional. Pensaba que yo misma lo era. Capaz poner la cabeza ante el corazón. Pero no. La enfermedad ha hecho que este último rija parte de mi día a día. Y si. Me vuelves a recordar que tú has venido para quedarte. Te atas a mí y me acompañas las noches previas a recibir resultados. Te paseas con pies descalzos y fríos. Eres el motivo de mis noches en vela. Me presionas el pecho. Me aprieta la garganta. Y haces que me calle.

Porque es difícil expresar que tengo miedo ante los demás. Yo, la valiente, la positiva, la que ha podido con todo y ha «vencido». Ellos usan la parte racional. «¿Miedo de qué? Todo irá bien». Quién lo asegura? Quién les ha dado el diagnóstico? Y callo. Y me voy haciendo cada vez más pequeña y los miedos cada vez mayores. Como dominarte? No te nombraré. No pensaré en ti. Quizás así te pierda en el olvido, por unos segundos.

salud,

M

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.